Armado y Peligroso
- Mitch Zajak

Benjamin HallSpanish Testimonies

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Armado y Peligroso

Mitch Zajak


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Usualmente armado y peligroso” era el aviso del despachador al oficial que me iba a arrestar. Probablemente era cierto también. Yo casi siempre cargaba con pistolas cargadas, algunas veces hasta llevaba una ametralladora bajo mi abrigo. Yo necesitaba su protección en el inframundo ya que yo estaba envuelto en el transporte de alto volumen de drogas entre los distribuidores y los traficantes. Llegué a conocer a muchos de los traficantes más peligrosos y a algunos miembros de la mafia en el área de Filadelfia, Reading, Schuylkill e incluyendo a los lores dominicanos de la droga en el Bronx, NY donde yo siempre necesitaba a un guarda espaldas para llevar acabo mis negocios.

“Temprano en mi vida tomé al diablo como mi mejor amigo y por más de 30 años continué seduciéndome con más placer, pero nunca hubo satisfacción real ni duradera.”
A la temprana edad de 13 años, fui introducido a las drogas y me volví adicto muy rápidamente. No pude “decirle no.” Comencé a usar toda droga callejera disponible y a menudo gastaba entre $200 y $500 por día en mi vicio. Sufrí sobredosis ocho veces, una vez pasé 28 días sin dormir por el nivel tan alto de cocaína en mi cuerpo. Ocho veces serví tiempo en prisión por crímenes que había cometido.

Yo sabía que la vida que yo había escogido era mala, ilegal y pecaminosa pero amaba la emoción y adrenalina generadas por las peleas y por fugarme de la policía. Con mi talla de 6 pies 7 pulgadas y feroz carácter podía dominar e intimidar a cualquiera y rápidamente gané una reputación de peleador. En una pelea doblé la chapa de metal que me habían puesto en la mano para corregir una fractura que sufrí en una pelea anterior. Hasta la policía comenzó a preocuparse.

Mi envolvimiento con gangas motociclistas, prostitución, las apuestas, drogas y alcohol me llevó más cerca de la trampa del pecado. La Biblia dice que hay placer en pecado por una temporada. Temprano en mi vida tomé al diablo como mi mejor amigo y por más de 30 años continué seduciéndome con más placer, pero nunca hubo satisfacción real ni duradera. Los reclamos de lo malo eran poderosos y directos del mundo demoníaco y lograron ser imposibles de resistir. El sentirme atrapado, aburrido, asustado y desesperado era más fuerte día por día. No me importaba si viviese o muriese. Estaba vacío e insatisfecho, deseando algo que me satisficiera realmente. No tenía idea sobre que eso podría ser. Había tratado todo lo que el mundo ofrece.

“Pero Dios continuó persiguiéndome y llamando mi atención, dejándome saber que El estaba allí y que lo tenía que considerer.”
En el punto más bajo de mi vida, si me hubiesen dicho que pronto iba a encontrar la mejor satisfacción, alegría y paz posible no le hubiese creído. Si luego hubiese tratado de convencerme de que lo podía encontrar en una relación personal con Jesucristo como mi Señor y Salvador, me hubiese reído de usted y lo hubiese ridiculizado como un loco religioso.

Pero el mayor cambio en mi vida comenzó cuando Dios captó mi atención en el Sexto Distrito de Reading, Pennsylvania – el vecindario más peligroso de esa ciudad, abandonado por la ley y gobernado por el crimen. En una casilla telefónica, sólo pies de donde yo personalmente sabía de personas que habían sido matadas, encontré un tratado. Era un panfleto de literatura con versículos de la Biblia y un corto mensaje sobre el Cielo y el Infierno. Lo cogí y lo leí rápidamente y lo metí en el bolsillo de mi camisa, cubriendo el palpitar de mi corazón. Yo no quería pensar en Dios o en el eminente juicio de mi pecado, lo cual era una eternidad en el infierno.

Pero Dios continuó persiguiéndome y llamando mi atención, dejándome saber que El estaba allí y que lo tenía que considerar. Las llamas de un comercial de televisión de Burger King me aterrorizaban, con la siniestra invitación, “¡Vengan, el fuego está listo!” Una noche en una casa de crack, una prostituta trató de darme una nota. Titubeé y le pregunté de qué se trataba. Ella me contestó, “de Jesucristo y de cuanto el te ama.” Nunca hubiera esperado escuchar Su nombre en ese lugar abandonado por Dios.

En mi desesperación en busca de respuestas a la vida, consulté con un psíquico muy conocido, una práctica que con mucha certeza no recomiendo hoy día. Pero como loa bruja en Endor con el Rey Saúl, Dios tenía un mensaje para mí. El psíquico puso las cartas sobre la mesa, y me dijo la historia de mi vida, desde el temprano éxito como limpiador de chimeneas y jugador de tenis en el colegio hasta la ruina de mi vida con el crimen y las drogas. Terminó con la carta de la muerte personificada y me advirtió, “Si tu no arreglas tus cuentas con Dios, morirás.”

Estaba aterrorizado. Y estaba bajo convicción de Dios y traté de eludirlo. Había tratado de esconder aquel tratado que me había encontrado pero me seguía llamando. Lo sacaba y lo volvía a leer y lo volvía a esconder. Finalmente, llené mi nombre y dirección y se lo envié al editor de Fellowship Tract League en Ohio, pidiendo más información.

Semanas más tarde recibí una carta del Pastor de una Iglesia Bautista en Reading para que me pusiera en contacto con el. Lo llamé el mismo día y esa tarde el Pastor Dale vino a mi casa y abrimos las Escrituras. El me mostró que yo era un pecador, culpable de haber roto la Ley de Dios. Yo merecía la sentencia de castigo eterno en el infierno por mis crímenes. Pero Jesús había pagado una gran multa por mí, muriendo en mi lugar – porque ¡El me quiso! Lo único que yo tenía que hacer era rendirme a El y aceptar Su oferta de perdón y cambiar lados de ser un sirviente del diablo a ser sirviente del Señor. Pastor Dale lo llamó “ser regenerado” y me mostró Juan 3:7, “No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.” Ese día incliné mi cabeza y oré de todo corazón, “Dios, ten misericordia de mí, un pecador.” En ese momento Dios me hizo uno de Sus hijos y me recibió en Su familia.

“Lo único que yo tenía que hacer era rendirme a El y aceptar Su oferta de perdón y cambiar lados de ser un sirviente del diablo a ser sirviente del Señor.”

La Biblia dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16) “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8)

Antes de irse, Pastor Dale me hizo firmar un “Certificado de Nuevo Nacimiento” – prueba tangible de que dediqué mi vida a Cristo y de que comencé una nueva vida en Cristo. Horas más tarde discutí conmigo mismo, pensando sobre como podía ser posible que un humilde Pastor pudo haberme hecho firmar tal cosa. “Nadie nunca había hecho que Mitch Zajac hiciera algo contra su voluntad.” Pero en ese día de junio del 2002, yo me entregué voluntariamente a Dios.

Pero ese era sólo el comienzo. Dios comenzó a hacer cambios en mi vida. A través de un periodo de meses de altibajos. Dios me rescató por completo de las fuertes ataduras de las drogas, alcohol y adicciones sin tener que ir a ningún programa de rehabilitación.

“A través de un periodo de meses de altibajos. Dios me rescató por completo de las fuertes ataduras de las drogas, alcohol y adicciones sin tener que ir a ningún programa de rehabilitación.”

Mi amigo, Dios se extendió hasta lo más profundo del hoyo de lodo y mugre para rescatarme. Lo que El hizo por mí El también lo quiere hacer por usted. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (II Corintios 5:17) “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” ( I Juan 2:15-17)

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